28 mar. 2008

NEGOCIOS SON NEGOCIOS

Todos hemos escuchado la expresión “negocios son negocios”. Sin embargo, rara vez alguien se ha detenido a pensar en su sentido. Pues, ¿qué significa realmente esta frase? Si tratamos de ver en qué contextos se da, generalmente se asocia a algo así como “disculpa, te perjudiqué, pero cuando hay un negocio de por medio todo es posible; lo siento”; o bien algo así como “que diablos, hay que sobrevivir”. De algún modo, es vanagloriarse o beneficiarse de un negocio en el cual se ganó a costa de la credulidad del otro, de la confianza previa, o de lo que estaba escrito con letra pequeña.

Pensar y actuar en los negocios y a veces en la vida misma de esta manera, justificando todo porque “los negocios son negocios”, evidentemente desvincula a la persona de toda ética. Es una frase que no tiene nada que envidiarle a la famosa frase “el fin justifica los medios”; incluso más bien es una aplicación particular del mismo principio. Es como decir que los negocios existen con independencia de todo lo demás: la ética, la moral, los valores, los ideales, etc., lo cual lleva por lo tanto a considerar este tema directamente en el ámbito de la ética.

En una ciudad sureña, haciendo una asesoría, conocí un empleado increíblemente arribista (trepador sería un término más correcto), que llegó a desvincularse en forma voluntaria y negociada de su empresa. En los años que estuvo ahí llegó a tener un gran acercamiento con el dueño, que terminó en una amistad familiar. Sin embargo una vez que se retiró, montó su propia empresa –y del mismo rubro que su ex patrón-, se llevó todo el conocimiento que había adquirido, y se robó las bases de datos. De modo que empezó a competir con su ex jefe. Increpado en un momento por el ex jefe, su respuesta fue muy clara y contundente: “negocios son negocios”, le expresó con una gran sonrisa de triunfo. Con esto justificaba todo. Pero la historia no tuvo un final feliz, pues después de un par de años de gozar de interesantes ganancias, comenzó a perder los clientes hasta quedar “en la calle”. Terminó convertido en un estafador.

Desde luego un asunto como éste plantea todo un problema de ética, que es susceptible de mucho análisis y formas de mirarlo. Incluso cada punto de vista puede tener cierta razón. Por lo demás, en grandes corporaciones nos encontramos a veces con esta misma forma de ver los negocios. Por ejemplo, hubo una serie de empresas norteamericanas que durante la segunda guerra mundial, aún estando su país en guerra, siguieron vendiendo pertrechos bélicos al ejército alemán. También se hizo público hace un par de décadas las vinculaciones que supuestamente tenía el Banco del Vaticano con la mafia. Y para qué decir de la venta de armas, como cuando un gran fabricante de armas, acosado por un periodista que le planteó que sus bombas mataban personas, justificó su proceder diciendo que “si yo no las fabrico otros lo harán”. Y esto sin citar el caso de las tabacaleras, o de algunos laboratorios farmacéuticos, que es ya emblemático. Nuevamente, negocios son negocios.

¿Pueden los negocios desvincularse de toda ética? ¿O puede el afán de lucro pasar por alto toda consideración moral, amparándose en que “negocios son negocios”? Preguntas difíciles y espinudas, que requieren de estudio y análisis. En lo personal, me inclino claramente porque los negocios estén dentro de un marco ético. Y como psicólogo, creo que quienes son capaces de desvincular tan fuertemente su vida personal de sus negocios, viven una incongruencia interna, casi un proceso de cierta alienación mental, que tarde o temprano los llevará al colapso.

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