25 jun. 2009

INTELIGENCIA EMOCIONAL: un rasgo necesario para los jefes

La inteligencia emocional definitivamente ganó un espacio entre las capacidades consideradas como necesarias para manejarse en el mundo de hoy. Pero no es solamente una habilidad necesaria para manejarse mejor a sí mismo y canalizar las tensiones de la vida diaria o familiar, sino también un rasgo necesario para dirigir a otros cuando se ocupa un cargo de jefatura o supervisión.

A la base de la inteligencia emocional hay cinco habilidades específicas, tres de ellas que dicen relación con uno mismo, y otras dos que entran en juego en las relaciones con los demás.

En el primer grupo está en primer lugar la autoconciencia. Esto se refiere a estar consciente de sí mismo, y especialmente de sus propias debilidades y fortalezas. De este modo el nuevo jefe puede darse cuenta de las destrezas que le faltan, por ejemplo para enfrentar decisiones u otros aspectos de su gestión, y poner énfasis en superarlas. Pero antes de superarlas hay que ser consciente de estas debilidades.

La segunda característica es la autogestión, que se refiere a saber controlar los impulsos y emociones, y canalizarlos adecuadamente. Por ejemplo al sentir rabia porque un subalterno no cumplió con una tarea importante, el jefe tiene que tranquilizarse y determinar cuál podría ser el curso de acción, ya que un reto intempestivo al funcionario puede complicar las cosas en vez de ayudar, y no soluciona necesariamente el problema.

La tercera característica es la motivación, pero una motivación interna y no externa. En este sentido la motivación básica es el logro, y la satisfacción de estándares autoimpuestos. En otras palabras, es la satisfacción que se siente cuando se logran metas, pero no porque se vaya a recibir una recompensa, sino por el solo hecho de lograr la meta.

En el segundo grupo, es decir en los componentes de la inteligencia emocional que tienen relación con los demás, figura en primer lugar la empatía, que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Esto se refiere a entender las emociones y sentimientos de los demás, lo que permite saber cómo entender y tratar de la mejor manera a cada subalterno.

Y por último, en este mismo grupo, figuran las habilidades interpersonales, las que permiten relacionarse con otros de manera ademada. Esta habilidad es la que permite crear alianzas, desarrollar redes, tener “llegada” con los subalternos, mantener un buen clima dentro del equipo de trabajo, y alcanzar finalmente los objetivos que el cargo involucra.

En realidad es difícil concebir hoy en día un buen jefe que no posea estas habilidades. El supervisor puede tener mucho dominio técnico de su tema, de su profesión, pero ese dominio no le sirve de mucho cuando hay que dirigir personas. La inteligencia emocional puede desarrollarse; está dentro de las llamadas habilidades blandas, y es más que necesaria para una jefatura si quiere tener una buena gestión, manteniendo a su vez la motivación, el compromiso y la lealtad de su equipo.

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