15 mar. 2009

CULTURA DEL PROYECTO

¿En cuántos proyectos está Ud. participando? Creo que nadie escapa a esta pregunta; de un modo u otro, cada cual está comprometido o participando de varios proyectos a la vez. Muchos de ellos pueden ser laborales, pero también hay otros familiares, otros personales, o del grupo de amigos, etc.

Los proyectos son de tanta importancia hoy en día, que un autor llamó “cultura del proyecto” a la sociedad actual. En el área en donde es más fuerte o más se nota la cultura del proyecto es en todo caso en la laboral. Aunque muchas veces los proyectos no exigen una dedicación exclusiva, hay sin embargo personas que trabajan y viven constantemente de proyectos. Se termina uno y siguen con otro. A veces en el intertanto puede pasar un tiempo sin actividad.

En el caso de las empresas u organizaciones, muchas veces los proyectos significan una función extra para el empleado, a la cual no se le dedica tiempo completo, pero que igualmente crea un desgaste y añade cierta cuota de ansiedad o de estrés, porque en algún momento hay que responderle a alguien por el avance del proyecto.

Pero también las familias se encuentran generalmente embarcadas en una serie de proyectos: cambiarse de casa o barrio, ampliar la casa, irse a vivir a otra ciudad, cambiar los muebles, traer a la abuela, etc. De modo que es difícil encontrar personas que no estén participando o sean parte de algún proyecto.

Además de todos los proyectos indicados, existe el propio proyecto personal o proyecto de vida, que significa lo que se quiere lograr en forma más íntima, más personal, es decir las aspiraciones y expectativas sobre el propio futuro. Para uno puede ser ascender en la empresa, para otro jubilar, para otro poner su propio negocio, o publicar un libro, etc.

Con toda seguridad hace un siglo la vida era muy diferente, y pocas personas vivían inmersas en algún proyecto. Eso probablemente hacía la vida bastante más tranquila, pues siempre un proyecto introduce un futuro en la vida presente. Esto conlleva por lo tanto un mayor riesgo de estrés, pues el estrés surge precisamente cuando alguien se empieza a preocupar mucho del futuro.

Por otra parte ya no puede imaginarse la vida sin proyectos. Sería muy aburrida, quizás hasta sin dirección, porque no habría metas por las cuales luchar. Los proyectos introducen siempre un elemento positivo en la vida, al darle a ésta una dirección y con ello ayudar a canalizar la energía de que se dispone.

El proyecto, pese a ser un elemento que se concretará a futuro, pasa a ser una parte muy importante de la persona en el momento presente, al punto que si un proyecto fracasa puede descolocar a la persona o aún más, llevarla a una depresión si es que el proyecto abortado era muy significativo.

Desde luego, los proyectos en los cuales nos embarquemos deben ser concretables, es decir estar basados en la realidad, considerando el momento histórico que se vive, las posibilidades del entorno, y el perfil de la propia persona. De lo contrario se trataría solo de una ilusión o fantasía, que puede demandar bastante energía, pero no lleva a ningún lugar.

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